Martes Febrero 07 , 2012
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EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS - EFESIOS - FILIPENSES - COLOSENSES

MundoEspiritual - La Torá (Biblia de Jerusalen, Hebrea 1976)

EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS 

Gálatas 1

1 Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos,

2 y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia.

3 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo,

4 que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre,

5 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

6 Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio

7 - no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo -.

8 Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!

9 Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!

10 Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo.

11 Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano,

12 pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

13 Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba,

14 y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.

15 Mas, cuando Aquel que me separó = desde el seno de mi madre = y me = llamó = por su gracia, tuvo a bien

16 revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre,

17 sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco.

18 Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía.

19 Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor.

20 Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento.

21 Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia;

22 pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo.

23 Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería  destruir».

24 Y glorificaban a Dios a causa de mí.

 

Gálatas 2

1 Luego, al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito.

2 Subí movido por una revelación y les expuse el Evangelio que proclamo entre los gentiles - tomando aparte a los  notables - para saber si corría o había corrido en vano.

3 Pues bien, ni siquiera Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a circuncidarse.

4 Pero, a causa de los intrusos, los falsos hermanos que solapadamente se infiltraron para espiar la libertad que  tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud,

5 a quienes ni por un instante cedimos, sometiéndonos, a fin de salvaguardar para vosotros la verdad del Evangelio...

6 Y de parte de los que eran tenidos por notables - ¡qué me importa lo que fuesen!: en Dios no hay acepción de personas - en todo caso, los notables nada nuevo me impusieron.

7 Antes al contrario, viendo que me había sido confiada la evangelización de los incircuncisos, al igual que a Pedro  la de los circuncisos,

8 - pues el que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mí para hacerme apóstol de los gentiles -

9 y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé: nosotros nos iríamos a los gentiles y ellos  a los circuncisos;

10 sólo que nosotros debíamos tener presentes a los pobres, cosa que he procurado cumplir con todo esmero.

11 Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión.

12 Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos.

13 Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la  simulación de ellos.

14 Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»

15 Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo,

16 conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley = nadie será justificado. =

17 Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará  Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo!

18 Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor.

19 En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:

20 y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

21 No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justificación, entonces hubiese muerto  Cristo en vano.

 

Gálatas 3

1 ¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?

2 Quiero saber de vosotros una sola cosa: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por la fe en la predicación?

3 ¿Tan insensatos sois? Comenzando por espíritu, ¿termináis ahora en carne?

4 ¿Habéis pasado en vano por tales experiencias? ¡Pues bien en vano sería!

5 El que os otorga, pues, el Espíritu y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace porque observáis la ley o porque tenéis fe en la predicación?

6 Así Abraham = creyó en Dios y le fue reputado como justicia. =

7 Tened, pues, entendido que los que viven de la fe, ésos son los hijos de Abraham.

8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abraham esta buena  nueva: = En ti serán bendecidas todas las naciones. =

9 Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con Abraham el creyente.

10 Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Pues dice la Escritura: = Maldito todo el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el libro de la Ley. =

11 - Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues = el justo vivirá por la fe; =

12 pero la ley no procede de la fe, sino que = quien practique sus preceptos, vivirá por ellos - =

13 Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: = Maldito todo el que está colgado de un madero, =

14 a fin de que llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa.

15 Hermanos, voy a explicarme al modo humano: aun entre los hombres, nadie anula ni añade nada a un testamento hecho  en regla.

16 Pues bien, las promesas fueron dirigidas a Abraham = y a = su = descendencia. = No dice: «y a los descendientes», como si fueran muchos, sino a uno solo, = a tu descendencia, = es decir, a Cristo.

17 Y digo yo: Un testamento ya hecho por Dios en debida forma, no puede ser anulado por la ley, que llega 430 años más tarde, de tal modo que la promesa quede anulada.

18 Pues si la herencia dependiera de la ley, ya no procedería de la promesa, y sin embargo, Dios otorgó a Abraham  su favor en forma de promesa.

19 Entonces, ¿para qué la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones hasta que llegase la descendencia, a quien  iba destinada la promesa, ley que fue promulgada por los ángeles y con la intervención de un mediador.

20 Ahora bien, cuando hay uno solo no hay mediador, y Dios es uno solo.

21 Según eso, ¿la ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Si de hecho se nos hubiera otorgado una ley capaz de vivificar, en ese caso la justicia vendría realmente de la ley.

22 Pero, de hecho, la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la Promesa fuera otorgada a los creyentes  mediante la fe en Jesucristo.

23 Y así, antes de que llegara la fe, estábamos encerrados bajo la vigilancia de la ley, en espera de la fe que debía manifestarse.

24 De manera que la ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo, para ser justificados por la fe.

25 Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo.

26 Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

27 En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo:

28 ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

29 Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa.

 

Gálatas 4

1 Pues yo digo: Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, con ser dueño de todo;

2 sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo fijado por el padre.

3 De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo.

4 Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,

5 para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva.

6 La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!

7 De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.

8 Pero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses.

9 Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿cómo retornáis a esos elementos sin fuerza  ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo?

10 Andáis observando los días, los meses, las estaciones, los años.

11 Me hacéis temer no haya sido en vano todo mi afán por vosotros.

12 Os ruego que os hagáis como yo, pues yo me hice como vosotros. Ningún agravio me hicisteis.

13 Pero bien sabéis que una enfermedad me dio ocasión para evangelizaros por primera vez;

14 y, no obstante la prueba que suponía para vosotros mi cuerpo, no me mostrasteis desprecio ni repulsa, sino que me recibisteis como a un ángel de Dios: como a Cristo Jesús.

15 ¿Dónde están ahora los parabienes que os dabais? Pues yo mismo puedo atestiguaros que os hubierais arrancado los ojos, de haber sido posible, para dármelos.

16 ¿Es que me he vuelto enemigo vuestro diciéndoos la verdad?

17 El celo que ésos muestran por vosotros no es bueno; quieren alejaros de mí para que mostréis celo por ellos.

18 Bien está procurarse el celo de otros para el bien, siempre, y no sólo cuando yo estoy entre vosotros,

19 ¡hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros.

20 Quisiera hallarme ahora en medio de vosotros para poder acomodar el tono de mi voz, pues no sé cómo habérmelas  con vosotros.

21 Decidme vosotros, los que queréis estar sometidos a la ley: ¿No oís la ley?.

22 Pues dice la Escritura que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre.

23 Pero el de la esclava nació según la naturaleza; el de la libre, en virtud de la Promesa.

24 Hay en ello una alegoría: estas mujeres representan dos alianzas; la primera, la del monte Sinaí, madre de los esclavos, es Agar,

25 (pues el monte Sinaí está en Arabia) y corresponde a la Jerusalén actual, que es esclava, y lo mismo sus hijos.

26 Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre,

27 pues dice la Escritura: = Regocíjate estéril, la que no das hijos; rompe en gritos de júbilo, la que no conoces  los dolores de parto, que más son los hijos de la abandonada que los de la casada. =

28 Y vosotros, hermanos, a la manera de Isaac, sois hijos de la Promesa.

29 Pero, así como entonces el nacido según la naturaleza perseguía al nacido según el espíritu, así también ahora.

30 Pero ¿qué dice la Escritura? = Despide a la esclava y a su hijo, pues no ha de heredar el hijo de la esclava juntamente con el hijo = de la libre.

31 Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

 

Gálatas 5

1 Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la  esclavitud.

2 Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará nada.

3 De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley.

4 Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os habéis apartado de la gracia.

5 Pues a nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia.

6 Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.

7 Comenzasteis bien vuestra carrera, ¿quién os puso obstáculo para no seguir a la verdad?

8 Semejante persuasión no proviene de Aquel que os llama.

9 Un poco de levadura fermenta toda la masa.

10 Por mi parte, confío en el Señor que vosotros no pensaréis de otra manera; pero el que os perturba llevará su castigo, quienquiera que sea.

11 En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué soy todavía perseguido? ¡Pues se acabó ya el  escándalo de la cruz!

12 ¡Ojalá que se mutilaran los que os perturban!

13 Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros.

14 Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: = Amarás a tu prójimo como a ti mismo. =

15 Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis mutuamente a destruiros!

16 Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne.

17 Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.

18 Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

19 Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,

20 idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,

21 envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

22 En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,

23 mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.

24 Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias.

25 Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.

26 No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

 

Gálatas 6

1 Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado.

2 Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo.

3 Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.

4 Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí solo, y no en otros, motivo para glorificarse,

5 pues cada uno tiene que llevar su propia carga.

6 Que el discípulo haga partícipe en toda suerte de bienes al que le instruye en la Palabra.

7 No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará:

8 el que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna.

9 No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos.

10 Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.

11 Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propio puño.

12 Los que quieren ser bien vistos en lo humano, ésos os fuerzan a circuncidaros, con el único fin de evitar la persecución  por la cruz de Cristo.

13 Pues ni siquiera esos mismos que se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para gloriarse en vuestra carne.

14 En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo  es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!

15 Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva.

16 Y para todos los que se sometan a esta regla, paz y misericordia, lo mismo que para el Israel de Dios.

17 En adelante nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo las señales de Jesús.

18 Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

 

 

XXXX

EPÍSTOLA A LOS EFESIOS 

Efesios 1

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús.

2 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo;

4 por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor;

5 eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad,

6 para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado.

7 En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia

8 que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

9 dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano,

10 para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra.

11 A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad,

12 para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo.

13 En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa,

14 que es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria.

15 Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad para con todos los santos,

16 no ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones,

17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente;

18 iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos,

19 y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa,

20 que desplegó en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos,

21 por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación y de todo cuanto tiene nombre no sólo en este mundo sino también en el venidero.

22 = Bajo sus pies sometió todas la cosas = y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia,

23 que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo.

 

Efesios 2

1 Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2 en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes...

3 entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo en medio de las concupiscencias de nuestra carne, siguiendo  las apetencias de la carne y de los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la Cólera...

4 Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amo,

5 estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados -

6 y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús,

7 a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8 Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;

9 tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.

10 En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios  que practicáramos.

11 Así que, recordad cómo en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, llamados = incircuncisos = por la que se llama = circuncisión = - por una operación practicada en la carne -,

12 estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la Promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13 Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo.

14 Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad,

15 anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo  Hombre Nuevo, haciendo la paz,

16 y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad.

17 Vino a anunciar la paz: = paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. =

18 Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu.

19 Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios,

20 edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo,

21 en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor,

22 en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu.

 

Efesios 3

1 Por lo cual yo, Pablo, el prisionero de Cristo por vosotros los gentiles...

2 si es que conocéis la misión de la gracia que Dios me concedió en orden a vosotros:

3 cómo me fue comunicado por una revelación el conocimiento del Misterio, tal como brevemente acabo de exponeros.

4 Según esto, leyéndolo podéis entender mi conocimiento del Misterio de Cristo;

5 Misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:

6 que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por  medio del Evangelio,

7 del cual he llegado a ser ministro, conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder.

8 A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la inescrutable  riqueza de Cristo,

9 y esclarecer cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas,

10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los Principados y a las Potestades en los cielos, mediante la Iglesia,

11 conforme al previo designio eterno que realizó en Cristo Jesús, Señor nuestro,

12 quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios.

13 Por lo cual os ruego no os desaniméis a causa de las tribulaciones que por vosotros padezco, pues ellas son vuestra gloria.

14 Por eso doblo mis rodillas ante el Padre,

15 de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra,

16 para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior,

17 que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor,

18 podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad,

19 y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud  de Dios.

20 A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros,

21 a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

 

Efesios 4

1 Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados,

2 con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor,

3 poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

4 Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados.

5 Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,

6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.

7 A cada uno de nosotros le ha sido concedido el favor divino a la medida de los dones de Cristo.

8 Por eso dice: = Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres. =

9 ¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra?

10 Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.

11 El mismo «dio» a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros,

12 para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo,

13 hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo.

14 Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error,

15 antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo,

16 de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición  según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su  edificación en el amor.

17 Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor, que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente,

18 sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza

19 los cuales, habiendo perdido el sentido moral, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas.

20 Pero no es éste el Cristo que vosotros habéis aprendido,

21 si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús

22 a despojaros, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las  concupiscencias,

23 a renovar el espíritu de vuestra mente,

24 y a revestiros del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad.

25 Por tanto, desechando la mentira, = hablad con verdad cada cual con su prójimo, = pues somos miembros los unos  de los otros.

26 = Si os airáis, no pequéis; = no se ponga el sol mientras estéis airados,

27 ni deis ocasión al Diablo.

28 El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe  al que se halle en necesidad.

29 No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el  bien a los que os escuchen.

30 No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención.

31 Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros.

32 Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo.

 

Efesios 5

1 Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos,

2 y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como = oblación y víctima de suave aroma. =

3 La fornicación, y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos.

4 Lo mismo de la grosería, las necedades o las chocarrerías, cosas que no están bien; sino más bien, acciones de  gracias.

5 Porque tened entendido que ningún fornicario o impuro o codicioso - que es ser idólatra - participará en la herencia del Reino de Cristo y de Dios.

6 Que nadie os engañe con vanas razones, pues por eso viene le cólera de Dios sobre los rebeldes.

7 No tengáis parte con ellos.

8 Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz;

9 pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.

10 Examinad qué es lo que agrada al Señor,

11 y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denunciadlas.

12 Cierto que ya sólo el mencionar las cosas que hacen ocultamente da vergüenza;

13 pero, al ser denunciadas, se manifiestan a la luz.

14 Pues todo lo que queda manifiesto es luz. Por eso se dice: Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo.

15 Así pues, mirad atentamente cómo vivís; que no sea como imprudentes, sino como prudentes;

16 aprovechando bien el tiempo presente, porque los días son malos.

17 Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad de Señor.

18 = No os embriaguéis con vino, = que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu.

19 Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor,

20 dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

21 Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.

22 Las mujeres a sus maridos, como al Señor,

23 porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo.

24 Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó  a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella,

26 para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra,

27 y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa  e inmaculada.

28 Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo.

29 Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia,

30 pues somos miembros de su Cuerpo.

31 = Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. =

32 Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia.

33 En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido.

 

Efesios 6

1 Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo.

2 = Honra a tu padre y a tu madre, = tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa:

3 = Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra. =

4 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor.

5 Esclavos, obedeced a vuestros amos de este mundo con respeto y temor, con sencillez de corazón, como a Cristo,

6 no por ser vistos, como quien busca agradar a los hombres, sino como esclavos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios;

7 de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres;

8 conscientes de que cada cual será recompensado por el Señor según el bien que hiciere: sea esclavo, sea libre.

9 Amos, obrad de la misma manera con ellos, dejando las amenazas; teniendo presente que está en los cielos el Amo  vuestro y de ellos, y que en él no hay acepción de personas.

10 Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder.

11 Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo.

12 Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas.

13 Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes.

14 ¡En pie!, pues; = ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, =

15 calzados los pies con = el Celo por el Evangelio de la paz, =

16 embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.

17 Tomad, también, = el yelmo de la salvación = y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios;

18 siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos,

19 y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio,

20 del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene.

21 Para que también vosotros sepáis cómo me va y qué hago, os informará de todo Tíquico, el hermano querido y fiel  ministro en el Señor,

22 a quien envío donde vosotros expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones.

23 Paz a los hermanos, y caridad con fe de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo.

24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en la vida incorruptible.

 

 

XXXX

EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES 

Filipenses 1

1 Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos, con los epíscopos y diáconos.

2 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

3 Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros,

4 rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros

5 a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy;

6 firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo  Jesús.

7 Y es justo que yo sienta así de todos vosotros, pues os llevo en mi corazón, partícipes como sois todos de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del Evangelio.

8 Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el corazón de Cristo Jesús.

9 Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento,

10 con que podáis aquilatar los mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo,

11 llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

12 Quiero que sepáis, hermanos, que lo que me ha sucedido ha contribuido más bien al progreso del Evangelio;

13 de tal forma que se ha hecho público en todo el Pretorio y entre todos los demás, que me hallo en cadenas por Cristo.

14 Y la mayor parte de los hermanos, alentados en el Señor por mis cadenas, tienen mayor intrepidez en anunciar sin temor la Palabra.

15 Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad; mas hay también otros que lo hacen con buena intención;

16 éstos, por amor, conscientes de que yo estoy puesto para defender el Evangelio;

17 aquéllos, por rivalidad, no con puras intenciones, creyendo que aumentan la tribulación de mis cadenas.

18 Pero ¿y qué? Al fin y al cabo, hipócrita o sinceramente, Cristo es anunciado, y esto me alegra y seguirá alegrándome.

19 Pues yo sé que = esto servirá para mi salvación = gracias a vuestras oraciones y a la ayuda prestada por el Espíritu de Jesucristo,

20 conforme a lo que aguardo y espero, que en modo alguno seré confundido; antes bien, que con plena seguridad, ahora como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte,

21 pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.

22 Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger...

23 Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor;

24 mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros.

25 Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe,

26 a fin de que tengáis por mi causa un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús cuando yo vuelva a estar entre vosotros.

27 Lo que importa es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo, para que tanto si voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os mantenéis firmes en un mismo espíritu y lucháis acordes por la fe del Evangelio,

28 sin dejaros intimidar en nada por los adversarios, lo cual es para ellos señal de perdición, y para vosotros de  salvación. Todo esto viene de Dios.

29 Pues a vosotros se os ha concedido la gracia de que por Cristo... no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis  por él,

30 sosteniendo el mismo combate en que antes me visteis y en el que ahora sabéis que me encuentro.

 

Filipenses 2

1 Así, pues, os conjuro en virtud de toda exhortación en Cristo, de toda persuasión de amor, de toda comunión en el Espíritu, de toda entrañable compasión,

2 que colméis mi alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos.

3 Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores  a sí mismo,

4 buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás.

5 Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo:

6 El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.

7 Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre;

8 y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.

9 Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre.

10 Para que al nombre de Jesús = toda rodilla se doble = en los cielos, en la tierra y en los abismos,

11 = y toda lengua confiese = que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.

12 Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho  más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación,

13 pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece.

14 Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones

15 para que seáis irreprochables e inocentes, = hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa y perversa, = en medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo,

16 presentándole la Palabra de vida para orgullo mío en el Día de Cristo, ya que no habré corrido ni me habré fatigado en vano.

17 Y aun cuando mi sangre fuera derramada como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegraría y congratularía con vosotros.

18 De igual manera también vosotros alegraos y congratulaos conmigo.

19 Espero en el Señor Jesús poder enviaros pronto a Timoteo, para quedar también yo animado con vuestras noticias.

20 Pues a nadie tengo de tan iguales sentimientos que se preocupe sinceramente de vuestros intereses,

21 ya que todos buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús.

22 Pero vosotros conocéis su probada virtud, pues como un hijo junto a su padre ha servido conmigo en favor del Evangelio.

23 A él, pues, espero enviaros tan pronto como vea clara mi situación.

24 Y aun confío en el Señor que yo mismo podré ir pronto.

25 Entretanto, he juzgado necesario devolveros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, enviado por vosotros con el encargo de servirme en mi necesidad,

26 porque os está añorando a todos vosotros y anda angustiado porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad.

27 Es cierto que estuvo enfermo y a punto de morir. Pero Dios se compadeció de él; y no sólo de él, sino también de mí, para que no tuviese yo tristeza sobre tristeza.

28 Así pues, me apresuro a enviarle para que viéndole de nuevo os llenéis de alegría y yo quede aliviado en mi tristeza.

29 Recibidle, pues, en el Señor con toda alegría, y tened en estima a los hombres como él,

30 ya que por la obra de Cristo ha estado a punto de morir, arriesgando su vida para supliros en el servicio que no  podíais prestarme vosotros mismos.

 

Filipenses 3

1 Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor... Volver a escribiros las mismas cosas, a mí no me es molestia, y a vosotros os da seguridad.

2 Atención a los perros; atención a los obreros malos; atención a los falsos circuncisos.

3 Pues los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que damos culto según el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús sin poner nuestra confianza en la carne,

4 aunque yo tengo motivos para confiar también en la carne. Si algún otro cree poder confiar en la carne, más yo.

5 Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo;

6 en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable.

7 Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo.

8 Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo,

9 y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la  justicia que viene de Dios, apoyada en la fe,

10 y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte,

11 tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos.

12 No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo  sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús.

13 Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que  está por delante,

14 corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús.

15 Así pues, todos los perfectos tengamos estos sentimientos, y si en algo sentís de otra manera, también eso os lo  declarará Dios.

16 Por lo demás, desde el punto a donde hayamos llegado, sigamos adelante.

17 Hermanos, sed imitadores míos, y fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros.

18 Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de  Cristo,

19 cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra.

20 Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo,

21 el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas.

 

Filipenses 4

1 Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor, queridos.

2 Ruego a Evodia, lo mismo que a Síntique, tengan un mismo sentir en el Señor.

3 También te ruego a ti, Sícigo, verdadero «compañero», que las ayudes, ya que lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

4 Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.

5 Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

6 No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la  oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.

7 Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo  Jesús.

8 Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo  cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta.

9 Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.

10 Me alegré mucho en el Señor de que ya al fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, sólo que os faltaba ocasión de manifestarlos.

11 No lo digo movido por la necesidad, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo.

12 Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación.

13 Todo lo puedo en Aquel que me conforta.

14 En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.

15 Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna  Iglesia me abrió cuentas de «haber y debe», sino vosotros solos.

16 Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por dos veces con que atender a mi necesidad.

17 No es que yo busque el don; sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta.

18 Tengo cuanto necesito, y me sobra; nado en la abundancia después de haber recibido de Epafrodito lo que me habéis  enviado, = suave aroma =, sacrificio que Dios acepta con agrado.

19 Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.

20 Y a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

21 Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo.

22 Os saludan todos los Santos, especialmente los de la Casa del César.

23 La gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu.

 

 

XXXX

EPÍSTOLA A LOS COLOSENSES 

Colosenses 1

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo el hermano,

2 a los santos de Colosas, hermanos fieles en Cristo. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre.

3 Damos gracias sin cesar a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por vosotros en nuestras oraciones,

4 al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y de la caridad que tenéis con todos los santos,

5 a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos y acerca de la cual fuisteis ya instruidos por la Palabra  de la verdad, el Evangelio,

6 que llegó hasta vosotros, y fructifica y crece entre vosotros lo mismo que en todo el mundo, desde el día en que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en la verdad:

7 tal como os la enseñó Epafras, nuestro querido consiervo y fiel ministro de Cristo, en lugar nuestro,

8 el cual nos informó también de vuestro amor en el Espíritu.

9 Por eso, tampoco nosotros dejamos de rogar por vosotros desde el día que lo oímos, y de pedir que lleguéis al pleno  conocimiento de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual,

10 para que viváis de una manera digna del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios;

11 confortados con toda fortaleza por el poder de su gloria, para toda constancia en el sufrimiento y paciencia; dando con alegría

12 gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz.

13 El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor,

14 en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados.

15 El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación,

16 porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él,

17 él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia.

18 El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo,

19 pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud,

20 y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos.

21 Y a vosotros, que en otro tiempo fuisteis extraños y enemigos, por vuestros pensamientos y malas obras,

22 os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte en su cuerpo de carne, para presentaros santos, inmaculados e  irreprensibles delante de El;

23 con tal que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe, firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio que oísteis, que ha sido proclamado a toda criatura bajo el cielo y del que yo, Pablo, he llegado a ser ministro.

24 Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia,

25 de la cual he llegado a ser ministro, conforme a la misión que Dios me concedió en orden a vosotros para dar cumplimiento a la Palabra de Dios,

26 al Misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos,

27 a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria,

28 al cual nosotros anunciamos, amonestando e instruyendo a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en Cristo.

29 Por esto precisamente me afano, luchando con la fuerza de Cristo que actúa poderosamente en mí.

 

Colosenses 2

1 Quiero que sepáis qué dura lucha estoy sosteniendo por vosotros y por los de Laodicea, y por todos los que no me han visto personalmente,

2 para que sus corazones reciban ánimo y, unidos íntimamente en el amor, alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia  y perfecto conocimiento del Misterio de Dios,

3 en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.

4 Os digo esto para que nadie os seduzca con discursos capciosos.

5 Pues, si bien estoy corporalmente ausente, en espíritu me hallo con vosotros, alegrándome de ver vuestra armonía  y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

6 Vivid, pues, según Cristo Jesús, el Señor, tal como le habéis recibido;

7 enraizados y edificados en él; apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando en acción de gracias.

8 Mirad que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los  elementos del mundo y no según Cristo.

9 Porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente,

10 y vosotros alcanzáis la plenitud en él, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad;

11 en él también fuisteis circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal, por la circuncisión en Cristo.

12 Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos.

13 Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y en vuestra carne incircuncisa, os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos.

14 Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz.

15 Y, una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo  triunfal.

16 Por tanto, que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados.

17 Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el cuerpo de Cristo.

18 Que nadie os prive del premio a causa del gusto por ruines prácticas, del culto de los ángeles, obsesionado por lo que vio, vanamente hinchado por su mente carnal,

19 en lugar de mantenerse unido a la Cabeza, de la cual todo el Cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe  nutrición y cohesión, para realizar su crecimiento en Dios.

20 Una vez que habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo ¿por qué sujetaros, como si aún vivierais en el mundo, a preceptos como

21 «no tomes», «no gustes», «no toques»,

22 cosas todas destinadas a perecer con el uso y debidas a = preceptos y doctrinas puramente humanos? =

23 Tales cosas tienen una apariencia de sabiduría por su piedad afectada, sus mortificaciones y su rigor con el cuerpo; pero sin valor alguno contra la insolencia de la carne.

 

Colosenses 3

1 Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

2 Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra.

3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios.

4 Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él.

5 Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría,

6 todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes,

7 y que también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais entre ellas.

8 Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de  vuestra boca.

9 No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras,

10 y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su  Creador,

11 donde no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos.

12 Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia,

13 soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.

14 Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección.

15 Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos.

16 La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad  agradecidos, himnos y cánticos inspirados,

17 y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio  a Dios Padre.

18 Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.

19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

20 Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor.

21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados.

22 Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos de este mundo, no porque os vean, como quien busca agradar a los hombres; sino con sencillez de corazón, en el temor del Señor.

23 Todo cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres,

24 conscientes de que el Señor os dará la herencia en recompensa. El Amo a quien servís es Cristo.

25 El que obre la injusticia, recibirá conforme a esa injusticia; que no hay acepción de personas.

 

Colosenses 4

1 Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un Amo en el cielo.

2 Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias;

3 orad al mismo tiempo también por nosotros para que Dios nos abra una puerta a la Palabra, y podamos anunciar el Misterio de Cristo, por cuya causa estoy yo encarcelado,

4 para darlo a conocer anunciándolo como debo hacerlo.

5 Portaos prudentemente con los de fuera, aprovechando bien el tiempo presente.

6 Que vuestra conversación sea siempre amena, sazonada con sal, sabiendo responder a cada cual como conviene.

7 En cuanto a mí, de todo os informará Tíquico, el hermano querido, fiel ministro y consiervo en el Señor,

8 a quien os envío expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones.

9 Y con él a Onésimo, el hermano fiel y querido compatriota vuestro. Ellos os informarán de todo cuanto aquí sucede.

10 Os saludan Aristarco, mi compañero de cautiverio, y Marcos, primo de Bernabé, acerca del cual recibisteis ya instrucciones. Si va a vosotros, dadle buena acogida.

11 Os saluda también Jesús, llamado Justo; son los únicos de la circuncisión que colaboran conmigo por el Reino de Dios y que han sido para mí un consuelo.

12 Os saluda Epafras, vuestro compatriota, siervo de Cristo Jesús, que se esfuerza siempre a favor vuestro en sus oraciones, para que os mantengáis perfectos cumplidores de toda voluntad divina.

13 Yo soy testigo de lo mucho que se afana por vosotros, por los de Laodicea y por los de Hierápolis.

14 Os saluda Lucas, el médico querido, y Demás.

15 Saludad a los hermanos de Laodicea, a Ninfas y la Iglesia de su casa.

16 Una vez que hayáis leído esta carta entre vosotros, procurad que sea también leída en la Iglesia de Laodicea. Y por vuestra parte leed vosotros la que os venga de Laodicea.

17 Decid a Arquipo: «Considera el ministerio que recibiste en el Señor, para que lo cumplas».

18 El saludo va de mi mano, Pablo. Acordaos de mis cadenas. La gracia sea con vosotros.

 

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