Viernes Abril 25 , 2014
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Los Celtas

Culturas - Celtas

   
Introducción 
Los Celtas
Forma de vida y costumbres 
Los Druidas  
Alfabeto, el Ogham  
Fiestas Celtas
Consulta Las Runas On-line
 
Introducción

Empecemos por conocer su origen y su procedencia, bastante perdida y llena de misterio y leyenda. Se cree, y es lo más probable, que los celtas procedieran del centro de Europa, de las zonas del sur de Alemania, Austria y Suiza. Fueron pueblos nómadas que se asentaron en aquella zona en la Edad del Bronce (alrededor del 3400 a.C.). Posteriormente hacia el 1000 a.C. los celtas buscan nuevas tierras y lugares en los que cultivar y criar ganado, así como cazar. Para ello hubo una gran migración del pueblo celta hacia el oeste de Europa y hacia las Islas Británicas e Irlanda.

 

Particularmente en estas islas se mezclaron con los antiguos habitantes de ellas, los mismos creadores del monumento al sol hecho por menhires y dólmenes, el famoso monumento de Stonehenge.

 

Los celtas al llegar a Irlanda se mezclan con un pueblo, sagrado y divino incluso para los mismos celtas, llamados los Tuatha Dé Danann, que posteriormente se verían reducidos por nuevas invasiones celtas.

Sucesivamente en el año 900 a.C. nuevos pueblos celtas de Europa llegan hasta el sur de Francia y llegan hasta la Península Ibérica donde tomarán el nombre de celtíberos (así llamados por los romanos por ser celtas habitantes en Iberia). Justo al terminar estas migraciones, hacia el año 800-700 a.C., comienza la Edad del Hierro, donde los celtas son los primeros en emplear este metal para las armas, adornos, etc. Se inicia la cultura de Hallstatt en la zona de Austria, con ella aparece otra etapa en la historia de los celtas.


Entre los siglos VII y VI a.C., los celtas hallstáticos se expanden por Alemania y Francia, e incluso llegan nuevas migraciones a la Península Ibérica. Posteriormente en el siglo V a.C. aparece otra cultura celta, La Tène, en la zona oeste de Suiza donde hay un gran avance cultural en la sociedad celta. Hay una gran migración a Gran Bretaña e Irlanda.En el siglo IV a.C. comienza la gran expansión celta en la que cruzan los pasos alpinos y llegan hasta Roma donde se produce gran ataque. Después en el siglo III a.C. la expansión llega hasta Grecia. Se produce un gran ataque a Delfos, sin embargo, Roma empieza ya a conquistar grandes territorios, entre ellos la Galia Cisalpina e Inicia la conquista de la Península Ibérica. En el siglo II a.C., los cimbrios, un pueblo norteño y enemigo de los celtas, arrasan la Galia. Comienza la época de las ciudades fortificadas celtas. Roma conquista la Galia Transalpina y en Hispania lucha con los celtas en las llamadas "guerras celtíberas". Se produce una nueva emigración a las Islas Británicas.

En el siglo I a.C. Julio César conquista la Galia independiente e intenta conquistar también Gran Bretaña, pero fracasa en el intento. Al mismo tiempo en la Galia se produce una sublevación nacional de Vercingetórix, un gran jefe galo que intentará expulsar a los romanos de sus territorios al noroeste de la Galia pero que será derrotado posteriormente.

Hacia el I d.C. Roma conquista la mitad de Gran Bretaña, en tiempo de Calígula y se inician nuevas sublevaciones en Francia y Gran Bretaña. Sin embargo no es hasta el siglo IV d.C. cuando Roma abandona definitivamente Inglaterra al ver que allí era muy difícil mantener ese territorio por las constantes sublevaciones y escaramuzas de los celtas del norte. Es el fin del Imperio Romano.

Un siglo después, en el V d.C., nuevas invasiones, esta vez de pueblos germanos como los Anglos, sajones y jutos, llegan hasta Gran Bretaña. Posteriormente en el siglo VI d.C. se producirán luchas internas en Inglaterra entre jefezuelos que intentan apoderarse del territorio dejado por los romanos. Merlín y Arturo, personajes históricos de esta época, se convierten en leyenda.


Aún así la cultura celta se fue perdiendo en Europa por la llegada del cristianismo, que fue destruyendo símbolos y modificando leyendas para adaptarlas al cristianismo. Pero todavía quedan costumbres y fiestas relacionadas con los celtas en Escocia, en Irlanda, Gales, la Isla de Man y en parte de Galicia y Asturias.

Forma de vida y costumbres

Ahora veamos la forma de vida y las costumbres de los celtas que son bastante curiosas y singulares. Primeramente centremonos en la construcción de sus poblados y casas.

Se construyeron residencias en lugares estratégicos, y auténticas fortalezas que dominaban el territorio circundante, para controlar las vias de comunicación y, por tanto, el comercio. En torno a ellas se agrupaban las casas del resto de la tribu, formando un poblado. Estos núcleos de población eran centros de producción en los que se desarrollaban actividades mineras, agrícolas, artesanales y comerciales. Eran las "ciudades" de la época, allí residia el príncipe y la elite de los guerreros con sus clientes, los ricos comerciantes, los artesanos y artistas, y un número considerable de hombres libres. Cerca de ellas se encontraban los túmulos funerarios de los príncipes, con ricos ajuares.

 

Los hombres libres, sean guerreros, artesanos o príncipes, tienen granjas y rebaños dispersos por todo el territorio de la tribu, que son atendidos por siervos; éstos habitan en otros poblados de pequeño tamaño, formados generalmente por unas pocas casas próximas, de forma cuadrangular, construidas en madera y rodeadas de un foso y una empalizada, a veces doble o triple.

 

Estas chozas no tienen ventanas, pero sí una abertura en el techo para dejar salir el humo del hogar; a veces, cerca de estas construcciones hay pequeñas cabañas, también cuadradas, que posiblemente se utilizaban para otras funciones distintas a la vivienda, como almacenar las cosechas, o para guardar durante la noche a los animales.

Castro Celta
 
En el interior del recinto amurallado las casas se distribuían de forma regular, dejando bastante espacio libre entre ellas; eran de planta cuadrangular y se edificaban levantando primero un armazón de postes de madera, a continuación se hacían las paredes y después se colocaba el techo de paja, generalmente a dos vertientes. En el interior de alguna de estas casas había habitaciones; en el centro de la principal estaba el hogar, donde cocinaban. También hay otro tipo de casas, que podríamos llamar palacios, en las que vivían los príncipes o los jefes y las familias más ricas; son mucho más grandes y están rodeadas por una empalizada, aunque también son de madera, y su interior está dividido en habitaciones.

La base de la organización social celta siempre fue la tribu, pues los pueblos celtas nunca llegaron a organizarse y formar un estado o un reino que los unificara. Todos los miembros de la tribu son descendientes de un antepasado común, que suele ser un héroe mítico; por eso los lazos de unión entre ellos son tan fuertes, forman parte de la naturaleza, están por encima de la solidaridad de clan y de la lealtad familiar. Pertenecer a una tribu es algo que está mas allá de la voluntad individual y nada es tan terrible para un celta como ser expulsado de su tribu, pues el individuo aislado pierde su honor, no es nadie. En una tribu celta existían varias clases sociales: Los aldeanos que recogían los cultivos, hacían las tareas del hogar, cazaban, etc. Después estaban los guerreros que eran los que luchaban a la hora de defender al poblado o bien de atacar cuando se declaraba la guerra a algún otro poblado. Los guerreros casi siempre eran nobles y poseían grandes extensiones de tierras.

Todo guerrero y aldeano en el poblado tenía un jefe que bien podía ser hombre o mujer y que no ejercía un poder absoluto pues los jefes siempre se guiaban de los consejos y exigencias que hacían indirectamente los druidas a los que todos tenían un gran respeto y afecto. Incluso el mismo jefe era elegido por el consejo de la tribu, constituido por druidas. En situaciones excepcionales, como en el caso de alianzas de varias tribus frente a un enemigo superior, el consejo podía estar formado por una asamblea de varias tribus. En ese caso por encima de los jefes de tribu había un jefe común al que llamaban "rey supremo"; pero estas situaciones solo se daban en los último años del esplendor celta.
 


Los Druidas

Veamos ahora a una de las clases sociales en los celtas a los que tenían gran respeto y admiración, pues participaban en los más importantes actos sociales, culturales y religiosos, nos referimos a los druidas.

 

Los bosques y las selvas inspiraban adoración y terror a las tribus célticas porque se las consideraba morada de los dioses. No es casualidad que a los integrantes de la clase sacerdotal se los llamara druidas, palabra de raiz céltica -"derb" y "dru" quieren decir roble- y significa "conocedores del roble" ya que practicaban sus ritos en medio de la espesura de los bosques. Allí celebraban asambleas, sentados en troncos sagrados, desde donde administraban justicia y decidían la paz y la guerra. Por otro lado es una antigua costumbre celta tocar madera ante el anuncio de un hecho ingrato, superstición que tiene su explicación en los robles azotados por los rayos y centellas en las tormentas, que como resultado indujeron a creer que estos árboles debían ser la morada de los dioses, de ahí el ritual de tocarlos cuando el peligro acechaba.

Druida

En realidad, el término "druida" hace referencia a una jerarquía - la superior - de las cuatro que existían en la casta sacerdotal de los celtas. Los integrantes de la categoría más baja eran los estudiantes o "amdaurs" (aspirantes a druidas), reconocidos por sus túnicas amarillas. En un orgen de mayor importancia estaban los "vates", que se distinguían por utilizar el color rojo. El grado de mayor categoría no solo se manifestaba en la vestimenta, sino en las atribuciones y conocimientos.

A los "vates" se les debe buena parte de la trascendencia de los mitos, tradiciones, creencias y conocimiento de todo tipo de la civilización celta, ya que ellos eran los encargados de compilarlos para luego transmitirlo al pueblo. Además, practicaban la profecía, estudiaban filosofía, astronomía, medicina, música y oratoria. En una etapa más avanzada, luego de una compleja ceremonia de iniciación, podían usar el color azul, que revelaba que habían accedido al nivel de los bardos. Ellos eran los encargados de amenizar las fiestas y celebraciones recitando, en prosa o en verso, las proezas de los guerreros y de cantar alabanzas a los dioses.


Finalmente, el rango superior, estaban los verdaderos druidas quienes vestían túnicas blancas. Se encargaban principalmente de realizar los sacrificios rituales y familiares y, sobre todo, eran los jueces supremos e inapelables. Era tal el respeto hacia ellos que no necesitaban usar armas para recorrer territorios pertenecientes a varios clanes.

Sus santuarios eran de piedra, organizados en forma circular y sin techo, para ver el firmamento y aún se conservan algunos al sur de Inglaterra, los templos o Dólmenes de Avebury y de Stonehenge, cerca de donde (según la leyenda) fue enterrado el rey Arturo.


Los druidas practicaban el culto a los antepasados, no temían a la muerte ya que creían en la transmigración del alma, y (a pesar de que llevaban a cabo sacrificios humanos) predicaban el valor supremo del Bien. Este fue uno de los motivos por el cual los druidas, y también el pueblo celta, tuvieron "mala prensa" entre muchos escritores y cronistas (fomentada por la falta de tradición escrita de los druidas que hace prevalecer los juicios y opiniones de los griegos y los romanos) aunque es bueno recordar que los romanos hacían sacrificios humanos en el siglo III a. C.


Julio César, en su obra, "La guerra de las Galias", manifiesta que "querían persuadir a sus discípulos de que las almas no mueren, fijando que semejante doctrina, seguida de sus corolarios, conduce a la virtud por el desprecio de la muerte". Además de esta particular apreciación, César proclamó el exterminio de esta religión a la que calificó de "bárbara e inhumana". Hay que tener en cuenta que los druidas eran quienes podían haber convertido y animado a estos pueblos a constituirse en una unidad política que, evidentemente, hubiese contrariado las ambiciones del famoso conquistador romano.



Alfabeto, el Ogham
   
Son muchos los menhires o piedras alzadas que llevan inscripciones en Ogham y que todavía sobreviven en partes de Gran Bretaña e Irlanda. El sistema Ogham consiste de veinte letras, a las que otras cinco fueron añadidas en una época posterior de su desarrollo. Las veinte letras originales consisten en entre una y cinco líneas rectas o muescas que se cruzan con una central línea vertical. Las primeras inscripciones en Ogham que han sobrevivido hasta nuestros días están talladas en piedras alzadas, con el borde de la piedra formando la línea central o tallo.
 

Las inscripciones solían hacerse desde la base de la piedra hacia arriba, pasando a veces por encima de la parte superior y continuando hacia abajo por el otro lado. Por su propia naturaleza, el alfabeto Ogham no es una herramienta práctica para nada más que las inscripciones cortas encontradas en estas piedras.

 

La mayoría de las inscripciones Ogham que han sobrevivido se encuentran en Irlanda, y consisten de nombres propios escritos en una forma arcaica de la lengua Irlandesa. La agrupación más grande de piedras Ogham se encuentra en el condado de Kerry, la parte de Irlanda donde la construcción y uso de tumbas megalíticas que también fueron usadas como lugares de culto, y de círculos de piedra, sobrevivió más tiempo. También se pueden encontrar piedras con inscripciones en Ogham irlandés en Gales, principalmente en el sur oeste, y hay contados ejemplos esparcidos por las regiones occidentales de Inglaterra y Escocia.
Alfabeto Celta Ogham
   

Todos suceden en áreas que fueron sometidas a incursiones, comercio y asentamientos irlandeses en los periodos romanos y postromanos cuando las inscripciones se hicieron, es decir, del siglo IV al VIII de nuestra era. Algunas inscripciones que podrían estar en el lenguaje británico de los Pictos han sido halladas en piedras decoradas con símbolos de éstos en el noroeste de Escocia.

Se asumió durante muchos años que las piedras Ogham fueron monumentos funerarios o simplemente señalaron las tumbas de los individuos nombrados en ellas. Esta suposición se tambalea cuando nos damos cuenta de que nunca se las encuentra asociadas con enterramientos. Se ha argumentado que en su mayoría han sido trasladadas desde su ubicación original, pero parece probable que al menos algunas habrían quedado in situ junto a sus enterramientos, si hubiera tales. ¿Si no eran lápidas funerarias, qué eran? Quizás sean monumentos a guerreros caídos en lejanas batallas, alzadas por sus familias en casa. O podrían haber sido marcadores de los límites territoriales de los clanes o tribus, en tal caso los nombres habrían sido probablemente los del jefe actual, vivo en el momento de tallarlas. Pude que algunas de las más antiguas fuesen alzadas para albergar los espíritus de héroes importantes o antepasados del clan. Las piedras recuerdan claramente a los menhires o piedras alzadas durante el Neolítico y la edad del Bronce, con la particularidad de que esas piedras no llevaban ninguna inscripción en Ogham.

 
Aunque se puede datar a todas las inscripciones en Ogham que han llegado a nuestros días entre los siglos IV y VIII, J.F. Killeen sitúa los orígenes del alfabeto en sí, considerablemente antes, dentro de la cultura Greco-Céltica que florecía en el sur de Francia en los siglos anteriores a nuestra era. Killeen deriva la palabra Ogham del griego ogmos, que significa 'surco de arado', apoyando esta idea con referencias a la literatura griega que comparan la escritura al hecho de arar. Las letras Ogham se parecen algo a los surcos dejados por el arado, pero aún así la derivación parece un poco forzada. Otros sugieren que el sistema de Ogham se derivó del alfabeto romano, y R.A.S. Macalister ha aportado una explicación ingeniosa de cómo se podría haber hecho. Sugiere que el Ogham empezó como un lenguaje de señales que usaba los dedos, y que por esta razón las letras se forman de grupos de uno a cinco líneas, que los inventores del sistema Ogham querían mantener este esquema basado en el número cinco, y que por esto el alfabeto original tenía veinte letras, ubicados en grupos de cinco.
 
Reflexionando, pues, vemos que parece probable que el alfabeto Ogham tuvo su origen en Irlanda, probablemente como resultado del contacto con Británicos Romanizados en Gales versados en la escritura y la lectura, quizás un siglo o dos antes de que las primeras piedras Ogham fueran talladas. Esto sitúa el origen del alfabeto Ogham alrededor del siglo II de nuestra era. Curiosamente, esa misma fecha parece probable como punto de partida del desarrollo del alfabeto Futhark Germánico Común, o Rúnico. Es concebible que la creación de los dos alfabetos se debe a contactos entre las gentes del norte de Alemania y las del sur oeste de Irlanda durante el periodo en cuestión, aunque, en líneas generales, parece más probable que ambos inventos fuesen inspirados por separado a través de contactos con vecinos que ya disfrutaban de la escritura y la lectura dentro del Imperio Romano.
   

La naturaleza del sistema Ogham, con sus grupos de una a cinco líneas o muescas, sugiere que podría haber originado como un sistema de cuentas empleando varitas de madera. Tal sistema de contar en unidades de cinco resulta natural como consecuencia de contar con los dedos.

Dado que tales varitas serían hechas de madera, tendrían pocas posibilidades de sobrevivir hasta la actualidad. La afirmación de Julio Cesar que los Druidas de sus tiempos prescindían deliberadamente de la escritura para que sus estudiantes no "descuiden el cultivo de la memoria", aunque "en cuentas públicas y privadas, hacen uso de las letras Griegas" puede interpretarse como apoyando la posibilidad de que el sistema Ogham empezó como un sistema de cuentas que más tarde se adaptó como alfabeto.

 

Esto indica claramente que los Celtas de la Europa continental usaron la escritura para asuntos mundanos, pero prefirieron mantener sus archivos culturales y leyendas esotéricas oralmente. El alfabeto Ogham, poco práctico para inscripciones de más de unas cuantas líneas, cabe perfectamente con esta actitud. También puede indicar un origen numérico para este sistema el hecho de que el segundo grupo de cinco letras Ogham representa las iniciales de los números uno a cinco.

Monolito Ogham

 

La literatura de los Bardos irlandeses nos demuestra mediante varias referencias que se tallaba el alfabeto Ogham en pequeñas varitas de madera, y también a este respecto recordamos que las letras Ogham recibieron los nombres de los árboles en una etapa inicial de su historia. En los manuscritos de la Irlanda medieval el alfabeto Ogham se llamaba el Beth-Luis-Nion por los nombres Gaélicos de las primeras tres letras, que también son los nombres de árboles. Beth es el abedul, Luis el serbal, y Nion el fresno.Las pruebas del uso de Ogham en la magia y en la adivinación son aportadas por los textos de los Bardos irlandeses. Se suponía que el dios irlandés Ogma Grianaineach, ("Joven Cara de Sol") inventó el sistema como "prueba de su ingenuidad, y que esta habla debería pertenecer solamente a los sabios, a la exclusión de los rústicos, los pastores y granjeros."

Ogma es una encarnación del joven Dios Solar Céltico. Se nota que aquí se refiere al Ogham no como alfabeto, sino como un lenguaje para los sabios. Se sabe que el Ogham como lenguaje hablado fue conocido por los Bardos irlandeses del siglo XII, y parece que estaba relacionado con un tipo de habla llamada Shelta, todavía usado por los Gitanos irlandeses en la última década del siglo XIX. Ninguno de los dos parece haber sido un lenguaje verdadero, pero parecen haber consistido en palabras irlandesas de uso cotidiano, disfrazadas de varias maneras, por la adición de letras o sílabas, el cambio de letras iniciales, o la inversión de palabras enteras.

 

Se dice que el primer mensaje escrito en Ogham constaba de siete muescas, cada una representando la letra B, inscritas cada una en una rama de abedul. Como hemos visto, en el Gaélico irlandés, la letra B se llama beith, lo cual significa 'abedul'. Este mensaje fue interpretado por el Dios, Lugh del Brazo Largo como un aviso de que su mujer sería raptada siete veces y llevada a los túmulos de los Sidhe, o a otro pais, si no fuese protegida con abedul.

La literatura insular de la Irlanda medieval nos aporta claras pruebas del uso mágico y adivinatorio del alfabeto Ogham. Puede que tales usos esotéricos fuesen influenciados por contactos con los vikingos que llegaron en número cada vez mayor a Irlanda para saquear o para quedarse a partir del siglo VIII. Si el uso esotérico de los Ogham aumento o fue inspirado por tales contactos, podría explicarse porque el alfabeto Ogham no se usó más en los monumentos a partir del siglo VIII aunque su uso continuó en las escuelas bárdicas de Irlanda hasta comienzos del periodo moderno. Quizás se volvió demasiado secreto como para usarse en las piedras monumentales expuestas en lugares públicos.

 
Gran parte de nuestros conocimientos de los significados atribuidos al alfabeto Ogham viene de una recopilación conocida como The Scholar's Primer (Auraicept na n-Eces), la cual conserva algunas de las enseñanzas de los colegios Bárdicos de la Irlanda medieval. Versiones de este texto se encuentran también en el Book of Leinster, del siglo XII, el Yellow Book of Lecan y el Libro de Ballymote. Las partes más antiguas del primero pueden datar hasta del siglo VII, pero la mayoría parece haber sido escrito en el siglo X. Se incluyen en él dos listas de frases vinculadas con las letras del alfabeto Ogham. La segunda lista de frases se le atribuye al dios pagano irlandés Mac ind Oc, 'Hijo de los Jóvenes.'
 
 
Fiestas Celtas
 

Los celtas, como todos los pueblos antiguos, acompañaron los ritmos estacionales con las exuberancias de la fiesta. En su cuatro fiestas, la de Samhain, Beltayne, Ymbolc, y Lugnasad, el hombre celta se abría a los poderes de la fertilidad, la purificación, el contacto con el mundo invisible de los muertos y la veneración del dios Lug.

El calendario druida estaba basado en las fases de la luna, por lo que cada mes contaba con una mitad positiva, luminosa y ascendiente, que correspondía a la luna en cuarto creciente y llena, mientras que la mitad oscura, decadente y negativa se correspondía con las fases de luna menguante y nueva; de la misma forma, durante el período brillante se llevaban a cabo los conjuros y hechizos de magia blanca, mientras que las ceremonias secretas de magia negra tenían lugar en las fases oscuras.

Cada uno de los meses del año, 12 en total, tenía asignada una letra del alfabeto Ogham, y estaba consagrado a un árbol o planta determinada, a la cual se veneraba durante este lapso.

También conocían la duración y división del año solar, es decir el tiempo que tarda la tierra en recorrer su órbita alrededor del sol, y lo aplicaban para recomendar a su pueblo las fechas para la siembra y la cosecha de los distintos productos agrícolas.

Para compensar la diferencia entre el año solar y el lunar, los druidas establecieron la inserción entre abril y mayo de un mes extra de 30 noches cada tres años (el registro del tiempo se llevaba en función de las noches, y no de los días). Al igual que meses, los años también contaban con una mitad oscura y una brillante; la primera de ellas comenzaba inmediatamente después de la última noche del año, el primero de noviembre, con la fiesta de Samhain (Samhuyn), de la que proviene la actual festividad de Halloween. Samhain fue originariamente una festividad de los muertos, celebrada durante la última noche del año druídico, es decir, la del 31 de octubre, precedente al Día de Todos los Santos. Hasta épocas relativamente recientes, en muchas partes de Europa existía la creencia probablemente originada en esta festividad celta- de que en la noche de Samhain, las brujas y hechiceros efectuaban sus peores conjuros, y se encendían grandes fuegos para mantener lejos de los hogares a los espíritus malévolos. Es la festividad opuesta a la de Beltayne, ya que en ella se escenifica el encierro del ganado para el invierno, y se encienden simbólicamente los fuegos del hogar.

Posteriormente, a partir del siglo XVll, el cristianismo fue incorporando aportes propios, y la fiesta de Halloween se transformó en un festejo infantil, en el que los niños recorren las casas vecinas, disfrazados de duendes, a solicitar golosinas.

La fiesta de Beltayne (Beltuin), era el primero de mayo. Era una festividad consagrada al dios Belenos y a la Madre Suprema, o Señora del Bosque. Literalmente significa "el fuego de Bel", se conmemora durante la noche del 31 de abril al primero de mayo, y un homenaje de agradecimiento a los dioses familiares, por haber protegido los fuegos del hogar, como así también un augurio de primavera.

Es una fiesta característica de los pueblos agrícolas y pastoriles, ya que llega la fecha de la siembra y de sacar las manadas a pastar. En Alemania y algunos países anglosajones, la noche previa se conmemoraba la Noche de Walpurgis, en que se intentaba conjurar a los seres malignos que se reunían en las colinas elevadas. Los romanos asimilaron Beltayne con las Laridae, es decir, sus propias fiestas en honor a los dioses lares, protectores del hogar.

Las otras dos fiestas importantes de carácter religioso y comunal, que se intercalaban entre estas, eran: Ymbolc (Imbolc), el primero de febrero. Se representa en la actualidad, en Irlanda, como la fiesta de Santa Brígida o Brigantia, y en el resto del mundo católico por la Calendaria. Es una fiesta de purificación y recogimiento a comienzos del invierno. Y, por último, la fiesta Lugnasad (Lughnassadh), el primer día de agosto. Se celebraba en conmemoración de las bodas del gran dios Lug en Irlanda, que aún se festeja en muchas aldeas y pueblos de este país.

El día de Beltayne, primero de mayo, se iniciaba entre los Irish Gaél un mes de libertad sexual, denominado Cyann, festejando la unión entre el gran dios Cernunnos, representado con una gran cornamenta de ciervo, y la Madre Suprema, la Tierra. En este período, los jóvenes podían formar parejas tentativas, que duraban un máximo de un año y un día, y al cabo de ese tiempo, debían ser refrendadas si deseaban continuar unidos; si la experiencia no era satisfactoria, cualquiera de los dos podía negarse, ya que, de allí en más, el matrimonio se convertía en permanente.

En sus relaciones de pareja, los celtas daban prioridad a la familia por sobre toda otra consideración, y no concedían demasiada importancia a la virginidad; se estimulaba la actividad sexual entre los jóvenes, especialmente durante la festividad de Cyann, y consideraban a los niños gestados durante este lapso como protegidos de los dioses.
Según la tradición, los responsables de despertar las inquietudes sexuales entre los jóvenes eran las sidh (hadas) y los leprechauns (duendes o elfos), quienes los incitaban a marchar hacia el bosque y pasar allí los días juntos. Durante este período, las mujeres vestían de verde claro, un color que la tradición asignaba a las vestiduras de las hadas, y los jóvenes de verde oscuro, el tono tradicional de los leprechauns, pero a partir del siglo VI d. C., los evangelizadores cristianos comenzaron a difundir la especie de que el verde era de mala suerte, en un fútil intento de que los jóvenes, especialmente las muchachas, abandonaran esa actitud promiscua que, por supuesto, no era bien vista por la Iglesia Católica.

Además de la división del año en cuatro períodos, los druidas contaban, también, con otras dos mediciones cronológicas de mayor duración: el Ciclo Estelar, que se reiniciaba cada 46 meses lunares (19 años), y la Era Druídica, que abarcaba 630 años. Todas estas mediciones tenían como punto de partida la fecha de la batalla final de Mac Tuireagh, día en que los Thuatha Dé Danann vencieron definitivamente a los invasores formoré.

Entre las festividades no-programadas, cabe mencionarse un rito sacrificial Irish gaél, practicado en la coronación de los reyes, y cuyas características lo hacen muy semejante al ritual hindú del sacrificio del caballo (asvhamedha), por que algunos autores sugieren la existencia de una rama común muy antigua entre los celtas y los hindi.

El historiador eclesiástico Giraldus Cambrensis (c. 1180-1230) describe este ritual, rescatado, según sus palabras, de la tradición oral de los reinos del norte de Irlanda, llevado a cabo durante la coronación de los reyes, en el que se incluye el sacrificio de una yegua blanca. "...Al comienzo de la ceremonia -relata el narrador- el futuro rey simula una cópula simbólica con el animal, que luego es sacrificado y hervido, y el heredero al trono se baña en el caldo, bebe de él y come la carne de la yegua. De esa forma, el rey obtiene la fertilidad necesaria para asegurar a su pueblo un heredero varón, a la vez, que se compromete con los dioses a procurar la prosperidad de su pueblo, y a que si actúa en forma injusta, la cólera de los dioses caerá impiadosa sobre su persona".

Esta interpretación parece reafirmarse con el concepto de los celtas insulares de que la soberanía de un rey es, en sí misma, una diosa, a la que el rey debe desposar, a los efectos de asegurar el bienestar de su pueblo. Esta noción, a su vez, puede haberse originado en una creencia muy antigua de las comunidades shamánicas ancestrales, según la cual es necesaria la unión entre un dios tribal con la Diosa de la Tierra, del Agua, como fuente de fertilidad. Estas evidencias tienden a sugerir que, al menos entre los celtas insulares, los reyes poseían cierta condición sagrada, y que se preocupaban seriamente por el bienestar y la prosperidad de sus pueblos.

En un pueblo belicoso y expansivo como el celta, no es de extrañar que gran parte de las festividades, incluso las de raigambre pastoril, se festejaran con demostraciones de exuberancias físicas, donde no faltaban las exhibiciones de fuerza y las competencias de resistencia al alcohol, en las que se ingerían ingentes cantidades de cerveza de malta, hidromiel.

Un ejemplo de la perdurabilidad de las costumbres y tradiciones celtas hasta nuestros días es el festival de Eisteddfod, término derivado del gaélico eístedd: "sentarse" y fod: "reunión" o "competencia".

Aunque algunos autores niegan su aparición antes del siglo VII, existen evidencias para suponer que estas reuniones de bards (bardos) se realizaban ya en el siglo IV, aunque, probablemente, al principio hayan estado circunscritas a los bardos iniciados, y no pudiera participar de ellas el común de la población, como sucedió más adelante.

A partir del siglo VII, en la región de Gales, al sudoeste de la mayor de las Islas Británicas, Eisteddfod comenzó a convertirse en una reunión abierta, destinada a promover las tradiciones y la lengua galesa a través de interpretaciones competitivas de drama, música y poesía, hasta que, a fines del siglo XIII, Eduardo l, Rey de Inglaterra, provocó una verdadera masacre en la comunidad de los bardos, por temor a su acendrado nacionalismo. Sin embargo, tres siglos después, hacia fines del 1500, Isabel I de Inglaterra cobró un repentino interés por Eisteddfod y, gracias a su mediación, los festivales fueron restablecidos a partir del siglo XVII, bajo patronazgo real.

Las competencias, ahora de alcance nacional e internacional, decayeron durante el siglo XVlll, pero un renovado interés en el druidismo y el misticismo revivió la tradición en el siglo XlX. En la actualidad, Eisteddfod aún se reedita año tras año, poniéndose un especial énfasis en la conservación de la pureza de la lengua galesa.

 
 
 
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