S谩bado Septiembre 04 , 2010
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La Hipn贸sis

Art铆culos

El trance hipn贸tico 

El estudio de los fen贸menos hipn贸ticos pertenece hoy d铆a por entero al dominio de la psicolog铆a normal, siendo muy numerosos los art铆culos que en sus principales revistas especializadas, cient铆ficas y m茅dicas, se publican sobre la hipnosis. Ha ayudado a ello la disponibilidad creciente de instrumentos y m茅todos aptos para discernir entre lo que hay en la hipnosis de realidad f谩ctica y de exageradas pretensiones. Por supuesto que no han desaparecido los espect谩culos de "hipnosis teatrera", de mero entretenimiento; pero los nuevos datos revelan que la fuerza de la sugesti贸n hipn贸tica, cuando se utiliza correctamente, puede alterar procesos cognoscitivos tan distintos como la memoria y la percepci贸n del dolor.

Separemos el grano de la paja


Para estudiar bien un fen贸meno ha de disponerse ante todo de una manera de medirlo. La vara de medir en el caso de la hipnosis son las escalas de susceptibilidad hipn贸tica de las diversas personas, de gran tradici贸n en la disciplina desde sus comienzos en el siglo xix, siendo las m谩s usadas actualmente las escalas Stanford. Ideadas a finales de los a帽os 1950 por los psic贸logos de la Universidad de Stanford Andr茅 M. Weitzenhoffer y Ernest R. Hilgard, siguen us谩ndose actualmente para determinar hasta qu茅 punto un sujeto responde a la hipnosis. Una de sus versiones consiste en una serie de 12 actividades que indican la profundidad del estado hipn贸tico. Ejemplos de ellas son mantener en alto un brazo extendido u oler los contenidos de una botella. En el primer caso se le dice al sujeto que ha de sostener con su brazo extendido una bola muy pesada; se le da por "receptivo" de esta sugesti贸n si su brazo se inclina bajo el imaginado peso. En el segundo caso se le dice que no tiene sentido del olfato y luego se le pasa un frasco de amon铆aco por debajo de la nariz; si no reacciona, es muy sensible a la hipnosis; si hace muecas de asco y se aparta, no lo es.
La puntuaci贸n en las escalas Stanford va del 0, para los que no responden a ninguna de las sugestiones hipn贸ticas, al 12, para los que las encajan todas. La mayor铆a de la gente punt煤a en medio de la escala (entre el 5 y el 7) y el 95% de la poblaci贸n punt煤a por lo menos 1.

Lo que la hipnosis es


Investigadores con muy diferentes perspectivas te贸ricas concuerdan hoy sobre varios principios fundamentales de la hipnosis. El primero es que la capacidad individual de responder a la hipnosis es notablemente estable durante el per铆odo adulto. Hilgard realiz贸 un estudio a largo plazo en el que se volvi贸 a someter a las pruebas a los mismos sujetos durante muchos a帽os, con el resultado de que las puntuaciones obtenidas seg煤n las escalas eran casi las mismas que hac铆a 10, 15 o 25 a帽os. Varios trabajos han confirmado que la puntuaci贸n Stanford de una persona permanece tan constante a lo largo de su vida, como la del CI, si no m谩s. Las pruebas indican adem谩s que la sensibilidad a la hipnosis puede tener un componente hereditario. Es m谩s probable que los mellizos id茅nticos obtengan similares puntuaciones Stanford que no los que no lo sean, aunque tengan el mismo sexo.
La sensibilidad de una persona a la hipnosis permanece tambi茅n constante frente a las caracter铆sticas del hipnotizador. La edad y la experiencia de 茅ste influyen poco o nada en que un sujeto pueda ser hipnotizado, como tampoco lo hace que sea hombre o mujer. Tampoco el 茅xito de la hipnosis depende ni de que el sujeto est茅 muy motivado ni de su particular voluntad. A un sujeto muy sensible se le podr谩 hipnotizar en muy diversas circunstancias experimentales o terap茅uticas, mientras que otra persona menos susceptible no quedar谩 hipnotizada por mucho que se esfuerce en lograrlo. Las actitudes y las expectativas negativas pueden, con todo, dificultar la hipnotizaci贸n.
Varios estudios han demostrado tambi茅n que la hipnotizabilidad no est谩 en relaci贸n con caracter铆sticas tales como la credulidad, la histeria, la psicopatolog铆a, la confianza, la agresividad, la sumisi贸n, la imaginaci贸n o el conformismo social. Resulta interesante en cambio que se encuentre relacionada con la capacidad de la persona para dejarse absorber o ensimismarse en actividades como la lectura, la audici贸n de m煤sica y el so帽ar despierto.
Los sujetos hipnotizados no se comportan cual pasivos aut贸matas, sino que son m谩s bien activos resolutores de problemas, incorporando a su conducta sus ideas morales y culturales y mostr谩ndose sumamente sensibles respecto a las expectativas expresadas por el hipnotizador. Pero el comportamiento que hipn贸ticamente se le indica no lo experimenta el sujeto hipnotizado como algo que 茅l est茅 realizando activamente. Lo t铆pico es que le parezca algo en lo que 茅l no pone ning煤n esfuerzo, algo que sucede por s铆 solo, sin m谩s. Los que est谩n en estado hipn贸tico suelen decir cosas como "la mano se me ha vuelto pesada y se me ha bajado" o "de repente he notado que no siento ning煤n dolor".
Muchos investigadores creen ahora que la hipnosis consiste, en el fondo, en estos tipos de desconexiones. Respondiendo a la sugesti贸n, los sujetos hacen movimientos sin intencionalidad consciente, dejan de sentir est铆mulos muy dolorosos y olvidan temporalmente datos que les son familiares. Claro que cosas as铆 suceden tambi茅n fuera de la hipnosis... a veces en la vida diaria y, m谩s dram谩ticamente, en determinados trastornos psiqui谩tricos y neurol贸gicos.
Vali茅ndose de la hipnosis se crean temporalmente en el laboratorio alucinaciones, compulsiones, ciertos tipos de p茅rdida de memoria y diversas ilusiones, de modo que estos fen贸menos pueden estudiarse de forma controlada.

Lo que la hipnosis no es


A medida que se va sabiendo m谩s acerca de la hipnosis se descubren tambi茅n cosas que disipan algunas reticencias sobre esta t茅cnica. Una de las objeciones contra ella es la de que consiste simplemente en una imaginaci贸n muy viva. En realidad no parece que sea as铆. Muchas personas muy imaginativas no son buenos sujetos hipn贸ticos y no se ha podido encontrar relaci贸n alguna entre ambas caracter铆sticas.
El cargo a la imaginaci贸n proviene de que a muchas personas hipnotizables se les puede inducir a que experimenten alucinaciones auditivas y visuales con gran verosimilitud. Pero un elegante estudio que ha empleado tomograf铆a de emisi贸n de positrones (PET), con la que se mide indirectamente el metabolismo, ha demostrado que las regiones del cerebro que se activan cuando al sujeto se le pide que se imagine un sonido son distintas de las que se activan cuando est谩 alucinando por efecto de la hipnosis.
Henry Szechtman
y sus colaboradores usaron PET en 1998 para estudiar la actividad cerebral de sujetos hipnotizados a los que invitaban a imaginarse un escenario y que luego experimentaban una alucinaci贸n. Los investigadores part铆an del hecho de que la alucinaci贸n auditiva y el acto de imaginarse un sonido son ambos fen贸menos que se autogeneran y que, igual que la audici贸n real, una alucinaci贸n se experimenta como proveniente de una fuente externa. Registrando el flujo sangu铆neo local de las zonas activadas durante la audici贸n real y durante la alucinaci贸n auditiva, pero no durante la simple imaginaci贸n, trataron de determinar en qu茅 parte del cerebro se "etiqueta" err贸neamente como aut茅ntico y originado en el mundo exterior un sonido que no es sino alucinaci贸n auditiva.
Examinaron la actividad cerebral de ocho sujetos muy hipnotizables y seleccionados previamente por su capacidad para alucinar bajo la hipnosis. Los sujetos estaban bajo hipnosis y yac铆an en el esc谩ner PET con los ojos cubiertos. Se registraba la actividad de sus cerebros bajo cuatro condiciones: en reposo; durante la audici贸n de una cinta en la que una voz grabada dec铆a: "El hombre no hablaba mucho, pero cuando lo hac铆a val铆a la pena escuchar lo que dec铆a"; mientras se imaginaban estar oyendo de nuevo esa voz; y durante la alucinaci贸n auditiva que experimentaban tras hab茅rseles dicho que la cinta estaba funcionando otra vez, aunque no era cierto.
Las pruebas demostraron que una regi贸n del cerebro llamada c贸rtex cingulado anterior derecho estuvo igual de activa cuando los sujetos alucinaban que cuando o铆an realmente el est铆mulo, mientras que no lo estaba cuando se imaginaban o铆rlo. Es como si la hipnosis hubiese liado de alg煤n modo a esa regi贸n del cerebro para hacerla tomar como aut茅ntico sonido lo que no era m谩s que alucinaci贸n auditiva.
Otra objeci贸n de los cr铆ticos contra la hipnosis ata帽e a la capacidad de 茅sta para embotar el dolor. Los esc茅pticos han arg眉ido que tal embotamiento es o un efecto resultante de la simple relajaci贸n o la respuesta a un placebo. Pero unos cuantos experimentos han dado al traste con estas explicaciones. Thomas H. McGlashan y sus colegas realizaron en 1969 un estudio ya cl谩sico cuyo resultado fue que la hipnosis result贸 tan eficaz reductora del dolor para unas personas poco hipnotizables como una p铆ldora azucarada que se les hab铆a hecho creer que era un poderoso analg茅sico, si bien los sujetos muy hipnotizables se beneficiaron de la hipnosis el triple que del placebo. Hilgard y 脡va I. B谩nyai observaron en 1976 que sujetos que pedaleaban vigorosamente sobre bicicletas estacionarias respond铆an a las sugestiones hipn贸ticas exactamente igual que cuando se les hipnotizaba estando arrellanados en un c贸modo asiento.
Pierre Rainville y sus colaboradores se propusieron averiguar en 1997 qu茅 estructuras cerebrales intervienen en el alivio del dolor durante la hipnosis. Trataron de localizar las estructuras cerebrales asociadas al componente del sufrimiento del dolor en cuanto distinto de sus aspectos sensoriales. Empleando PET, hallaron que la hipnosis reduc铆a la actividad del c贸rtex cingulado anterior 鈥攝ona, ya se sabe, implicada en el dolor鈥 pero no afectaba a la actividad del c贸rtex somatosensorial, donde las sensaciones de dolor son procesadas.
Pese a estas averiguaciones, los mecanismos subyacentes al alivio del dolor durante la hipnosis son a煤n poco conocidos. La mayor铆a de los investigadores se inclina a creer que el efecto analg茅sico de la hipnosis tiene lugar en centros cerebrales superiores a los implicados en el registro de la sensaci贸n dolorosa. Esto explicar铆a el hecho de que la mayor parte de las respuestas auton贸micas que generalmente acompa帽an al dolor 鈥攖ales como la aceleraci贸n del ritmo card铆aco鈥 se vean poco o nada afectadas por las sugestiones hipn贸ticas de analgesia.
Pero 驴no podr铆an los sujetos estar fingiendo que se les hab铆a hipnotizado? Dos estudios clave han puesto fin a esas sospechas.
En un ingenioso experimento de 1971 intitulado 鈥楨l hipnotizador que desaparece鈥, Frederick Evans y Martin T. Orne compararon las reacciones de dos grupos de sujetos, formado uno por personas que se sab铆a que eran verdaderamente hipnotizables y otro por personas a las que pidieron que simulasen que se las hipnotizaba. Un experimentador que no sab铆a con qu茅 grupo estaba tratando puso en pr谩ctica un rutinario procedimiento hipn贸tico que fue de pronto interrumpido por un apag贸n de luz ficticiamente accidental. Cuando el experimentador sali贸 de la habitaci贸n para ver qu茅 ocurr铆a, los sujetos que estaban simulando hipnosis dejaron inmediatamente de hacer comedia: abrieron los ojos, miraron en derredor y dieron fin a la simulaci贸n en todos los aspectos. En cambio, los sujetos realmente hipn贸ticos fueron saliendo, despacio y con alguna dificultad, pero por s铆 mismos, del estado de hipnosis.
Los simuladores tienden tambi茅n a interpretar exageradamente su papel. Cuando a estos sujetos se les propone que olviden ciertos aspectos de la sesi贸n de hipnosis, sus declaraciones de que no recuerdan son a veces, por ejemplo, omniabarcadoras y muy tajantes, o aseguran tener extra帽as experiencias de las que nunca o en muy raras ocasiones hablan los sujetos realmente hipnotizados. Taru Kinnunen, Harold S. Zamansky y sus colaboradores han sometido a unos simuladores a la tradicional prueba detectora de mentiras. Y han comprobado que cuando los sujetos realmente hipn贸ticos responden bajo hipnosis a las preguntas sus reacciones fisiol贸gicas cuadran con los criterios de veracidad, mientras que las de los simuladores no lo hacen.

La hipnosis y la memoria


Puede que en ninguna otra cuesti贸n haya generado la hipnosis m谩s controversia que en la de la "recuperaci贸n" de la memoria. La psicolog铆a tiene establecido que los seres humanos son bastante capaces de discernir si un suceso ha ocurrido realmente o si s贸lo se lo han imaginado. Pero en algunas circunstancias nos falla tal discernimiento: podemos llegar a creer (o ser inducidos a creer) que nos ha ocurrido algo, sin que en realidad haya sido as铆. Uno de los indicios clave al que los seres humanos parecen recurrir para hacer la distinci贸n entre lo real y lo imaginado es el de la experiencia del esfuerzo. Parece como si, al codificar un recuerdo, una 鈥榚tiqueta鈥 nos indicase la cantidad de esfuerzo empleado: si el evento es etiquetado como habiendo supuesto por nuestra parte una buena proporci贸n de esfuerzo mental, tendemos a interpretarlo como fruto de nuestra imaginaci贸n; si es etiquetado como habiendo requerido relativamente poco esfuerzo mental, tendemos a interpretarlo como algo que nos ocurri贸 en realidad. Dado que un importante distintivo de la hipnosis es precisamente la sensaci贸n de falta de esfuerzo, compr茅ndese que los hipnotizados puedan confundir tan f谩cilmente un imaginado suceso pret茅rito con algo en verdad sucedido hace mucho. Y tambi茅n as铆 es posible que algo meramente imaginado pueda llegar a introducirse como un episodio en la historia de nuestra vida.
Este efecto ha sido comprobado en numerosos estudios. Por ejemplo, a sujetos a los que se ha hipnotizado con facilidad se les suele poder inducir a que refieran con toda suerte de detalles acontecimientos de los primeros meses de su vida, aun cuando en realidad tales eventos nunca ocurrieran y por m谩s que, sencillamente, los adultos no tengan ninguna posibilidad de recordar la primera infancia. Cuando se les propone regresar a la infancia, los sujetos muy hipnotizables se comportan de una manera m谩s o menos infantil, son con frecuencia muy emotivos y pueden despu茅s insistir en que han estado reviviendo de veras su infancia. Pero las investigaciones confirman que esas respuestas no son en modo alguno aut茅nticamente infantiles. No lo son siquiera la pronunciaci贸n, los gestos, la emoci贸n, la percepci贸n, el vocabulario, las formas de pensar. Esas actuaciones tienen tan poco de infantiles como las de los adultos cuando juegan a remedar a los ni帽os. Resumiendo, en la hipnosis no hay nada que capacite al sujeto para superar la naturaleza y las limitaciones b谩sicas de la memoria humana; a nadie le permite exhumar recuerdos que tengan decenios de antig眉edad ni recorrer hacia el pasado, desand谩ndolo, el desarrollo de su existencia.

Para qu茅 sirve la hipnosis


驴Cu谩les son, pues, los beneficios m茅dicos de la hipnosis? Un grupo de asesores t茅cnicos del Instituto Nacional de la Salud estadounidense declar贸 en 1996 que la hipnosis es un procedimiento eficaz para aliviar el dolor en los casos de c谩ncer y de otras enfermedades cr贸nicas. Numerosos estudios cl铆nicos indican tambi茅n que puede reducir el intenso dolor que sufren los pacientes en el desbridaje de quemaduras, los ni帽os al extra茅rseles m茅dula 贸sea y las mujeres al parir. Por ejemplo, seg煤n un meta-an谩lisis publicado en un reciente n煤mero especial del International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, las sugestiones hipn贸ticas aliviaron el dolor del 75% de los 933 sujetos que participaron en 27 experimentos diferentes. El efecto analg茅sico de la hipnosis es frecuentemente muy notorio y en algunos casos el grado de alivio que proporciona es igual o superior al que se consigue con la morfina.
Pero la Sociedad de Hipnosis Cl铆nica y Experimental mantiene que la hipnosis no puede, y no debe, ser la sola y 煤nica intervenci贸n m茅dica o psicol贸gica para todo trastorno. La raz贸n de ello es que todo el mundo que sea capaz de leer un escrito con alg煤n grado de expresividad puede aprender a hipnotizar a cualquiera. Quien tenga un problema m茅dico o psicol贸gico deber谩 ante todo consultar a un profesional sanitario cualificado para que le haga un diagn贸stico. Ese especialista ser谩 el que mejor podr谩 decidir con el paciente si la hipnosis es aconsejable en su caso y, de serlo, c贸mo incluirla en su tratamiento.
La hipnosis puede hacer m谩s eficaz la psicoterapia para algunos estados morbosos. Seg煤n otro meta-an谩lisis en el que se examinaron los resultados conseguidos por los sujetos de 18 estudios separados, aquellos pacientes que recibieron psicoterapia de la conducta m谩s hipnosis para trastornos como obesidad, insomnios, angustia e hipertensi贸n mostraron mayor mejor铆a que el 70% de los tratados s贸lo con psicoterapia. Tras la publicaci贸n de estos datos, un grupo de investigadores pertenecientes a la Sociedad Psicol贸gica de Am茅rica valid贸 la hipnosis como procedimiento a帽adido para el tratamiento de la obesidad. Pero a煤n se est谩 estudiando si sirve para otros trastornos con componente conductual. La drogadicci贸n y el alcoholismo no responden bien a la hipnosis y no hay pruebas inequ铆vocas de que ayude a dejar de fumar.
Dicho esto, hay muchas aunque a煤n no definitivas pruebas de que la hipnosis puede ser un factor eficaz en el m谩s amplio tratamiento de otros estados morbosos. En un orden aproximado de tratabilidad mediante la hipnosis se cuentan entre ellos: un subgrupo de asmas; algunas afecciones dermatol贸gicas, incluidas las verrugas; el s铆ndrome de colon irritable; la hemofilia; y la n谩usea asociada a la quimioterapia. Se desconoce el mecanismo por el que la hipnosis alivie estos trastornos. Las hip贸tesis de que aumente la inmunidad del organismo en cualquier aspecto cl铆nicamente importante carecen hoy por hoy de fundamento.
Hilgard predijo hace ya m谩s de 30 a帽os que, a medida que se fuese difundiendo por la comunidad cient铆fica el saber acerca de la hipnosis, tendr铆a lugar un proceso de "familiarizaci贸n" con la misma: los investigadores recurrir铆an cada vez m谩s a menudo a esta t茅cnica, que llegar铆a a ser un instrumento habitual en el estudio de otros temas interesantes, como la alucinaci贸n, el dolor y la memoria. Pronostic贸 tambi茅n que, una vez basado cient铆ficamente, el uso cl铆nico de la hipnosis acabar铆a siendo de lo m谩s normal para algunos pacientes con problemas especiales. Aunque actualmente no estemos todav铆a en eso, es indudable que la hipnosis ha progresado mucho desde que requiriera el balanceo de un reloj de bolsillo.


El autor


MICHAEL R. NASH es profesor asociado de psicolog铆a en la Universidad de Tennessee en Knoxville y redactor jefe del International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis. Doctorado por la Universidad de Ohio en 1983, trabaj贸 aquel mismo a帽o como cl铆nico interno en la facultad de medicina de la Universidad de Yale. Ha publicado dos libros de investigaci贸n, uno sobre los fundamentos de la hipnosis y otro sobre los del psicoan谩lisis, ambos en coautor铆a con Erika Fromm, de la Universidad de Chicago. Ha publicado numerosos trabajos sobre temas como la memoria humana, la patolog铆a disociativa, los abusos sexuales, la psicoterapia y la hipnosis, habiendo recibido numerosos premios por sus investigaciones y estudios cl铆nicos.


Bibliograf铆a complementaria


Hypnosis for the Seriously Curious. Kenneth Bowers. W. W. Norton, 1983.
Contemporary Hypnosis Research. Erika Fromm y Michael R. Nash. Guilford Press, 1992.

Para una introducci贸n a la historia de la hipnosis y sus actuales usos, en la Red:
www.institute-shot.com/hypnosis_and_health.htm

Para conocer investigaciones sobre la hipnosis y sus aplicaciones cl铆nicas, cfr. International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, en la Red:
www.sunsite.utk.edu/IJCEH

Un v铆deo de una aut茅ntica sesi贸n de hipnosis se hallar谩 en:
www.sciam.com/2001/0701issue/0701nashbox1.html

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